Estonia: el destinazo desconocido de Europa, por Carmen Campos

Sabemos que Estonia no está de los primeros en tu lista de destinos para tus próximas vacaciones, pero también sabemos que cuando nuestra compañera Carmen Campos, te cuente su experiencia en primera persona, vas a querer reservar tu vuelo sin pensártelo dos veces:

Personalmente, soy una enamorada del Europa. Creo que los propios europeos no somos consciente de las maravillas que están repartidas por nuestro continente, y este viaje me ha dado la razón: ¡Qué bonita es Estonia y qué olvidada la tenemos!

He tenido la suerte de visitar la parte norte del país en febrero, y me ha dejado completamente alucinada con sus paisajes nevados. Literalmente, ¡parecía que estábamos en una mini Laponia!

El viaje comenzó en Tallín, la capital. En verano suele ser parada obligatoria de los cruceros del Báltico, pero en estas fechas la nieve sustituye a los cruceristas. El aeropuerto de Tallín es pequeño y súper cómodo. Yo tuve que hacer escala en Frankfurt, ya que salí desde Madrid, pero desde Málaga tienen vuelos directos, cosa que me sorprendió muchísimo (resulta que los Estonios también conocen la Costa del Sol). Este primer día no tuvimos mucho tiempo para explorar, pero visitamos el Tallink City Hotel, donde también cenamos.

A la mañana siguiente pusimos rumbo al Parque Nacional de Lahemaa -donde, al parecer, en las noches despejadas de enero a marzo, se pueden ver unas preciosas auroras boreales-. De camino hicimos una parada para ver la cascada de Jägala, ¡que estaba congelada! El siguiente destino era Viru Bog, y aquí empezó lo divertido: nos pusimos raquetas de nieve y empezamos a andar por un bosque completamente nevado que parecía sacado de un cuento. Un bosque que en cuanto llega la primavera cambia completamente y se convierte en una ciénaga llena de vida, por lo que en el momento en el que la nieve se derrite, hay que seguir el camino de madera, pero nosotros pudimos andar a nuestra anchas por todo el parque. Llegamos a un mirador con vistas espectaculares para hacer un pequeño descanso y tomarnos algo que nos hiciera entrar en calor: té con unas gotitas de Vanatallinn (sí, vodka) y galletitas caseras hechas por nuestra fantástica guía. ¡Estábamos encantados!

Tras sobrevivir a la caminata sin ningún resbalón y con el estómago vacío, llegamos a un restaurante en una pequeña isla de pescadores a la que pudimos acceder sin bajarnos de nuestro vehículo gracias al hielo. Aquí ocurrieron dos cosas: comí el mejor pato que he probado nunca y vi el paisaje más bonito que he visto en toda mi vida. Jamás había visto el mar congelado. Es sobrecogedor estar de pie en el hielo, metros y metros alejada de la orilla, y escuchar el silencio absoluto.

Seguimos nuestro camino hasta el Museo Marítimo de Käsmu. Al entrar por la puerta parecía que habíamos viajado en el tiempo. La tarde acabo en nuestro alojamiento para esa noche: Vihula Manor Country Club Hotel & Spa, otro sitio precioso, donde tuvimos nuestro primer contacto con la cultura de la sauna y, más tarde, hicimos un taller en el que fabricamos nuestro propio vodka. Ya te contaré qué tal me quedó el mío cuando pase el tiempo de fermentación 😉

El siguiente lo disfruté como una niña pequeña: ¡Trineos, huskies, baños helados y experiencia medieval!

La verdad, despertar en Vihula Manor y poder pasear a solas por el bosque que rodea la propiedad me hizo sentir muy Elsa de Frozen. Tras el desayuno, nos trasladamos hasta Körvemaa y entramos en el Sportland Körvemaa Hiking and Ski Center. Estonia no tiene grandes montañas para esquiar, pero es un buen sitio para aprender o para ir a pasarlo en familia.

Y ahora empieza la magia de verdad: la experiencia con Small Lapland . Su propio nombre lo dice, este lugar es como estar en una pequeña Laponia, con sus árboles cubiertos de nieve, el fuego encendido rodeado de banquitos en mitad del bosque para asar tus nubes mientras te tomas un té calentito (o vodka), y el silencio solo roto por el aullido de los huskies deseando empezar a correr… Es una postal idílica, me hubiese quedado allí para siempre. Creo que pocas veces en mi vida he sido tan feliz como estando rodeada de huskies hiperactivos y recibiendo todo el amor perruno posible. Y el broche de oro a esta experiencia, fue que los dueños de esos terrenos nos abrieron las puertas de su propia casa y nos prepararon una comida casera y típica de Estonia, incluyendo un postre tradicional llamado Semla que estaba buenísimo.

Para relajarnos después de tanta emoción, nos llevaron a Villa Pillapalu para tener una experiencia privada en una sauna espectacular. Villa Pillapalu está formada por varias casas privadas completamente equipadas -saunas propias incluidas- repartidas por el bosque, con un restaurante y una sauna a disposición para todos los huéspedes. El entorno es espectacular y la experiencia de crear nuestra propia mascarilla facial, adaptada a nuestra piel, nos encantó a todos. Y sí, me metí en el agua congelada… ¡dos veces! ¡No podía irme sin vivir la experiencia completa!

Con toda la pena del mundo, dejamos el bosque de cuento para volver a Tallín. Parecía que estábamos solos en la ciudad. Dimos un paseo bajo la nieve por el Old Town y llegamos a uno de los lugares más emblemáticos: el restaurante Olde Hansa, un restaurante medieval muy conocido donde te sirven comida de la época y los camareros van caracterizados, ¡hasta tocan instrumentos medievales! Nos encantó.

En nuestro último día hicimos una visita guiada por la ciudad, que seguía vacía para nosotros, y nos dimos cuenta de lo realmente bonita que es esta ciudad y lo bien conservada que está. Aquí está la farmacia más antigua de todo el Báltico, de 1422, que se dice pronto; también se mantiene en pie gran parte de la antigua muralla y se puede ver cómo está integrada en el centro de la ciudad.

Después tuvimos la oportunidad de conocer el Nordic Hotel Forum. Más tarde, como broche final a nuestra estancia en Estonia, un tranvía clásico nos estaba esperando para llevarnos hasta la Ciudad Cultural de Telliskivi, situada en la antigua Fábrica de Ferrocarriles Bálticos y que ahora funciona como complejo artístico para la comunidad creativa de Estonia. Aquí cenamos en el Fotografiska Tallinn Restaurant, un restaurante galardonado en 2025 con una Estrella Michelín y que se encuentra dentro del Museo de Fotografía. Quien me conoce sabe que comer un menú de Estrella Michelín rodeada de las fotografías de los mejores fotógrafos de la historia fue para mí como un sueño. A demás, tuvimos la tremenda suerte de coincidir con la exposición de uno de mis fotógrafos retratistas favoritos: Anton Corbijn.

La noche acabó en un karaoke, pero eso es otra historia… jeje

Antes de volver a España, pudimos dar un pequeño paseo por el centro de Tallín aprovechando que había salido el sol. El Old Town de Tallín, con nieve, el cielo azul y el sol salido, es sinónimo de felicidad pura.

Semanas después de volver, sigo pensando en todos los tonos de blancos y azules que he visto, en lo majísima que es la gente, lo rica que es la gastronomía, todas las cosas que he tachado de mi lista (4, concretamente), y la necesidad de volver que me ha generado este país. Y cuando vuelva, será en primavera o en verano, para recorrer las islas y el sur y conectar más con la cultura; ¡o en otoño para ver osos!

Estonia… qué país tan extraordinario.

– Carmen Campos, Marketing & Design Manager de Inspiring Soho