Egipto en Primera Persona con la familia Martín Rodríguez

Egipto es uno de esos destinos que marcan un antes y un después. Cuando la familia Martín Rodríguez volvió de su viaje, nos enviaron un relato tan lleno de emociones y momentos compartidos, que supimos que teníamos que convertirlo en parte de nuestra serie Pedacitos del Mundo en Primera Persona.

Este es su viaje, contado tal cual lo vivieron: con la ilusión de quienes regresaban a Egipto 20 años después con toda la familia. Una experiencia íntima, divertida, sorprendente y, sobre todo, inolvidable:

“Egipto, el país de las pirámides majestuosas, los desiertos infinitos y una historia que se remonta a miles de años. Mis suegros estuvieron en este país hace 20 años, y la idea de volver a después de dos décadas era algo deseaban desde hacía tiempo. Pero no queríamos repetir aquel viaje masificado de hace años. Esta vez queríamos hacerlo bien, tranquilos, acompañados, disfrutando de verdad y creando recuerdos en familia. Y vaya si lo conseguimos.

La aventura empezó en Madrid, con un vuelo cómodo que casi ni nos dio tiempo a procesar. Llegar a El Cairo fue un shock… del bueno. Nos esperaron prácticamente a pie de avión, nos ayudaron con todo y en cuestión de minutos estábamos fuera, sin colas, sin estrés, con esa sensación de: “Vale, ahora sí, empieza Egipto.”

El primer hotel, el Steigenberger El Tahrir, nos sirvió para aterrizar, aunque el olor a tabaco en algunas zonas nos recordó que en Egipto las normas son… flexibles. Pero lo importante estaba fuera.

Las Pirámides fueron nuestro primer gran “¡wow!”.
Entrar en una de ellas sin hacer cola fue un regalo estrecho, caluroso, un poco claustrofóbico, pero ¿cuántas veces en tu vida bajas (o subes) por el interior de una pirámide? Por supuesto, antes de entrar a las Pirámides, teníamos que hacer un pequeño paseo en camello. Luego la Esfinge, el Gran Museo Egipcio, los tesoros de Tutankamón… y el caos divino del mercado del Cairo, donde nos reímos muchísimo entre empujones, vendedores y ese ambiente imposible de imitar.

El madrugón del segundo día para coger nuestro vuelo mereció la pena. Luxor nos recibió con un sol brutal y templos que te hacen sentir diminuto. Karnak fue impresionante, había mucha gente y hacía mucho calor, pero ahí estábamos nosotros, pasando por la avenida de las Esfinges y dándole 7 vueltas a la estatua del escarabajo para tener buena suerte. Pero lo que realmente nos robó el corazón fue el Sonesta Nile Goddess. Dormir en un barco clásico navegando el Nilo es algo que es para que te pellizquen. Servicio increíble, comida buenísima, ritmo lento, ventanas al río… paz.

Uno de los momentos que recordamos con más emoción fue el amanecer en globo sobre el Valle de los Reyes. Algunos de nosotros despertamos casi de madrugada, llegamos medio dormidos… y de repente estar flotando sobre la historia mientras el sol, o para os faraones, el Dios Khepri, se va asomando y empieza el día.

Al aterrizar y de nuevo toda la familia unida, nos fuimos a visitar el Valle de los Reyes, vimos la tumba de Tutankamon, los talleres de alabastro, el Templo de Hatshepsut y volviendo al barco, vimos los imponentes Colosos de Memnón.

Durante la navegación, pequeñas barquitas desperdigadas por el Nilo, se acercan peligrosamente al crucero, amarrándose como pueden y con la gracia y simpatía que les caracteriza, te llaman para que te asomes y aprovechan para lanzarte productos, que los veas y se los compres. Otro momento para practicar el regateo.

Tras pasar la exclusa de Esna, en la que tuvimos algo de retraso, llegamos a Edfu. Fue un contraste total: coches de caballos, calles llenas de vida, carreras para llegar, comerciantes que intentan venderte de todo y más… y los arcos de “seguridad” que más que seguridad era de los horrores porque pitaba, pasases o no, pero bueno ya nos habíamos acostumbrado y nos hacía gracia. Vaya, puro Egipto.

Por la noche, después de seguir navegando por el Nilo, visitamos Kom Ombo flipamos con las momias de cocodrilo. Sí, momias de cocodrilo. Nadie lo esperaba y nos impresionó el estado de conservación de alguno de ellos.

Asuán nos regaló una de las anécdotas más divertidas: el embarcadero para ir a Philae. Caótico y divertido, básicamente porque allí era “tonto el último”. Barcas entrando y saliendo como si no existiera ninguna norma, un golpe más o un golpe menos, daba igual. Gente gritando, motores sonando, todos intentando subir a la vez… parecía una escena de película. Y aun así, fue una risa tras otra.
Philae, en cambio, fue pura calma. Un templo flotando entre aguas tranquilas.

Este día, la temática era entorno al agua, y es que pasamos ir en barquita al Templo de Isis a dar un paseo en faluca por la tarde. La faluca por el Nilo fue un momentazo: viento suave, agua brillante, silencio….  No acababa todo aquí ya que saltamos de barco a barco, literal, y en lanchita nos fuimos río arriba hacia un poblado Nubio, no sin antes parar en una playa (Berber Nubian Beach) a pegarnos un chapuzón y hacer check de las cosas obligatorias que hacer en Egipto. Por cierto, la playa era una maravilla y merece la pena quedarse ahí un rato más largo con un té y disfrutar con la gente de la zona. Luego vino el poblado, el atardecer, las casas de colores, el té, los animales, el pasar el rato con una familia local… Nos contaron que los nubios, a una edad determinada, pasaban la Presa de Asuán para ir en busca y captura de un cocodrilo, al cual lo llevaban a casa y convivían con él hasta la edad adulta, momento en el que lo liberaban. Y sí, obviamente nos hicimos fotos con un cocodrilo bebé. ¡También aprendimos los números en egipcio y en nubio! Bueno, lo intentamos…

De vuelta en el Cairo, el último hotel, el InterContinental Citystars, fue el más espectacular que he estado en mi vida, no solo por la habitación, que me encantó, sino por todo lo que tenía como era de bonito y el servicio que tenía tan bueno. Hubiésemos necesitado otra noche, pero al menos lo disfrutamos.

Antes de irnos, nuestro guía Mohamed nos llevó al Barrio Copto donde visitamos la Iglesia de San Sergio y San Baco, iglesia construida encima de la gruta donde se dice que estuvo oculto San José, la Virgen Maria y el niño durante 3 meses. Una de las visitas que más nos gustó este día fue la Mezquita de Amr, mezquita más antigua de todo El Cairo, aunque ha sido restaurada y los materiales ya no hacen justicia a su historia. Mohamed nos contó todo lo relacionado con la mezquita, su religión y rezos, aspecto que nos gustó mucho ya que conocemos realmente poco. Cerramos el viaje cenando en Kebabgy en el barrio de Zamalek, restaurante especializado en barbacoa de allí donde pudimos probar de todo, con unas salsas, panes y especias que, a mi gusto, era todo espectacularmente bueno, y con unas vistas junto al Nilo a nivel del agua, con la ciudad iluminada al fondo. Los barcos con luces, música, mucho ambiente y diversión. Un final precioso.

La noche se alargó para algunos, que decidimos irnos a la sauna y al spa del hotel antes de irnos a dormir.

La recogida a la mañana siguiente en el hotel para ir al aeropuerto fue un lujo. Volvimos a casa emocionados, un poco cansados, pero sobre todo, felices.


La verdad es que lo hemos disfrutado muchísimo. Ha sido un viaje alucinante que repetiríamos mañana mismo. Nos quedan mil cosas por ver. Y ya tenemos el siguiente destino Inspiring en la cabeza: Namibia

– Familia Martín Rodríguez, viajeros de Inspiring Soho

Lo que vivió la familia Martín Rodríguez es exactamente lo que queremos que vivan nuestros viajeros: momentos que unen, que sorprenden, que emocionan y que se quedan para siempre.

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Si sueñas con recorrer Egipto (o cualquier destino) así —a tu ritmo, cuidando cada detalle, junto a tu familia y disfrutando de cada momento— estamos aquí para crearlo contigo.

Porque cuando un destino se vive así… se convierte en un recuerdo para toda la vida.